Pueblos Mancomunados, un puente de gestión colectiva y comunitaria

En las alturas de la Sierra Norte de Oaxaca (México), “la gente de las nubes” ha logrado adaptar la actividad turística a su tradición indígena y hoy es una herramienta clave para el desarrollo de sus Comunidades Zapotecas. No es una organización o un sólo pueblo. Son ocho localidades, unidas por sus usos y costumbres, buscando su propio destino.

La historia de los pueblos Mancomunados se inicia con las primeras familias zapotecas, hace muchos años atrás. A pesar de que recién en 1961 se los reconoce como tal por decreto nacional. Pero el suceso fundamental que los empujó hacia la autonomía fue la expulsión de la empresa española que explotaba sus bosques de pino-encino.

En 1975 tres comunidades de la Sierra Norte, cansadas de que la empresa foránea les llevara sus recursos sin darles beneficios, se organizaron para expulsar a los capitales extranjeros de sus bosques sagrados. La empresa forestal  pasó a manos de las comunidades y fue el primer paso para la autogestión colectiva.

Comunidad Latuvi

El turismo llegó en 1994 y la comunidad pionera fue Benito Juárez. Cuatro años más tarde la actividad se expandió a otras comunidades. Hoy en día son 6: Benito Juarez,  Cuajimoloyes, Llano Grande, Amatlán, Latuvi y Nevería.

Este no es el caso de una sola asociación o una cooperativa. Es la comunidad toda, dueña de una empresa de turismo. Cada comunidad tiene autonomía de su propia empresa, pero a la vez están todas integradas en Expediciones Sierra Norte, la agencia comunitaria que comercializa los 6 emprendimientos y les pertenece a las 6 comunidades.

Salvo algunas excepciones, todas las personas que hayan terminado la secundaria tienen que asumir cargos en algunas de las empresas comunitarias, si por mayoría en asamblea general así se decide. Es una mínima parte del complejo -y ancestral- sistema de usos y costumbres. Aquí el trabajo comunitario es una obligación. Pero no como un castigo, sino como un ejemplo de unión y solidaridad entre todos los miembros de la comunidad.

Mirador Benito Juarez

Actualmente son tres las empresas comunitarias de los Pueblos Mancomunados: la forestal, la embotelladora de agua potable Inda Pura y la de EcoTurismo. Los habitantes trabajan allí con cargos rotativos de 1 a 3 años, algunos bajo el sistema de servicio comunitario y otros contratados. Obviamente las ganancias quedan en las mismas comunidades y su aprovechamiento se resuelve mediante asamblea general. De la cual deben participar todos y todas sus habitantes.

Pocas veces se ve un compromiso inter-comunitario tan grande. El legado de las primeras familias zapotecas todavía hace latir la Sierra Norte de Oaxaca. La cosmovisión colectiva fluye como agua, desde las cumbres hasta cada uno de los hogares. Y abrazados a las nubes, los Pueblos Mancomunados se protegen entre sí de la mala influencia externa.

Mancomunar no es un verbo imposible. A 60 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, cerca de 4000 habitantes siguen regando sus raíces. Juntos y juntas cuidan su ancestral legado cultural y su sagrado patrimonio natural. Aquí, los pronombres personales son en plural… Y los adjetivos son cooperativos, sustentables, colectivos y autónomos.

El turismo asociativo de la etnia Maya-Tz’utujil

En Guatemala, la Asociación de Guías de Eco Turismo Comunitario Rupalaj K’istalin ha logrado desarrollar un proyecto independiente que genera ingresos genuinos para toda la comunidad, preserva sus recursos naturales y fortalece su cultura Maya – Tz’utujil. De esta forma, su trabajo se ha transformado en un faro importante al cual deberíamos seguir.

La historia de Rupalaj Kistalin (rostro cristalino en Tz’utujil) comienza en el año 2000 cuando 25 personas decidieron organizarse para trabajar por el desarrollo sostenible de la comunidad San Juan la Laguna, ubicada a orillas del Lago Atitlán. Pero fue en el 2005 cuando, con apoyo de la Fundación Solar, lograron llevar a cabo su primer proyecto: un vivero de plantas nativas para reforestar áreas deterioradas. Un año más tarde, comenzaron a llegar los primeros turistas con intención de visitar el vivero y el trabajo que allí realizaba la Asociación. Desde su nacimiento hasta hoy, Rupalaj Kistalin ha estado muy comprometida con el cuidado del medio ambiente. La limpieza del Lago, charlas de educación ambiental en las escuelas y llevar niños/as a reforestar el bosque son actividades constantes.

San Juan La Laguna desde lo alto

A partir del año 2006 el arribo de visitantes fue en aumento. Tanto fue así que luego de varias capacitaciones y mucho esfuerzo, la Asociación empezó a diseñar diferentes circuitos turísticos. El primero fue el sendero al Cerro de la Cruz, y como consecuencia de dicho trabajo, comenzaron a generarse ingresos que se utilizaron, principalmente, para comprar un terreno propio y construir la oficina de la Asociación.

Oficina de la Asociación en San Juan La Laguna

Otras excursiones (como el Tour Natural, Circuito Cultural y Tour del Maíz…) son también una importante fuente laboral y reactivan la economía de la comunidad, ya que se visitan distintas cooperativas (mujeres tejedoras, comadronas de plantas medicinales, pintores…) para colaborar con su desarrollo socio-económico. San Juan la Laguna se caracteriza por ser una de las comunidades más organizadas, ya sea en cooperativas o asociaciones, y una de las que mejor conserva su patrimonio natural y cultural.

En este momento se cuenta con 14 socios, 9 hombres y 5 mujeres. Desde hace un tiempo han puesto en marcha un proyecto de alojamiento muy interesante. Se trata de las Posadas Mayas, un servicio de hospedaje que ofrece la posibilidad de conocer, aprender y sentir la cultura Maya pernoctando en casas de diferentes familias de la comunidad. Este proyecto representa un importante ingreso económico para la comunidad, pero también una experiencia única de intercambio cultural que colabora eficazmente para el entendimiento internacional.

Muchos de los turistas que llegan a conocer la Asociación Rupalaj K’istalin es por Viva Atitlán, una tour operadora que trabaja hace varios años con diferentes (ahora 9) organizaciones de base comunitaria situadas en las cercanías del Lago proponiendo una “experiencia de aprendizaje mutuo”, como dice Marlon, el gerente. Viva Atitlán también está comercializando algunos productos artesanales de estas mismas organizaciones colaborando así con la generación de ingresos genuinos y el fomento de aquellas manifestaciones culturales.

Asociación de Pintores de arte primitivo

De esta forma, Rupalaj K’istalin se ha transformado, a base de mucho esfuerzo y resistencia ante la influencia externa, en una fuente de inspiración para todas aquellas organizaciones que pretenden generar un cambio en sus comunidades por medio de la auto gestión y el auto financiamiento.

Plaza Central de San Juan la Laguna

Esta Asociación de Guías Comunitarios de Eco Turismo ya no tiene que pedirle apoyo económico a nadie. Es su propia labor diaria la que logra cubrir todos los gastos y pagar todos los sueldos. Es su propia solidaridad la que levanta y desarrolla un modelo económico sostenible para toda la comunidad. Y es su propio sueño, ahora hecho realidad, el que pinta de esperanzas el tejido enfermo del sistema turístico mundial.

Agradecimientos especiales:

A Juan Mendoza y toda su familia (Rupalaj K’istalin)

A Guillermo, Pedro, Olga, Juan y toda la Asociación Rupalaj K’istalin

A Marlon Calderón (Viva Atitlán)

A toda la Comunidad de San Juan La Laguna, sus asociaciones y sus cooperativas.

Vista Lago, el sueño colectivo de más de 90 familias de El Salvador

La Cooperativa Los Pinos se dedica al café desde hace 37 años y con 98 socios/as sigue unida para implementar el mismo sistema colectivo a su proyecto turístico Vista Lago, nacido como alternativa a la crisis del 2001.

En el año 1980 El Salvador atravesaba uno de sus peores momentos debido a una guerra civil que tuvo por esos años sus etapas más violentas. El Frente Martí de Liberación Nacional (FMLN) representaba el brazo armado de un pueblo cansado de la opresión a la que era sometido por los gobiernos militares y las clases más adineradas del país.

El FMLN crecía en sus filas debido a la adhesión de miles de campesinos de distintas regiones que veían en la guerra revolucionaria la oportunidad para salir de la miseria a la que los terratenientes los empujaban. Atento a esto el gobierno decidió llevar a cabo una Reforma Agraria con el objetivo de debilitar el apoyo popular al FMLN. Esta Reforma le daba la oportunidad a los peones de adueñarse de las tierras que trabajaban siempre y cuando formaran una cooperativa. Así nació Cooperativa Cafetalera Los Pinos.

A partir de este momento cambió rotundamente la vida de campesinos y campesinas de la comunidad El Congo. La Cooperativa llevó luz eléctrica a la comunidad, agua para todas las familias y más adelante construyó casas, escuelas, centros de salud y casas comunales. Servicios que antes solo eran privilegios del terrateniente.

Al principio se vendía directamente el café uva, es decir la fruta sin ser procesada. En el año 1992 la Cooperativa adquiere un beneficio y se transforma en productora de café. Los servicios y el bienestar seguían aumentando en la comunidad hasta que en 2001 cae estrepitosamente el precio del café y junto a la roya (enfermedad que devastó muchos cultivos) generaron una crisis que sacudió fuertemente la estabilidad de la Cooperativa. Como respuesta a esto, decide encaminarse hacia una nueva alternativa económica: el turismo.

Con ayuda estatal la Cooperativa inauguró en el 2009 su restaurante Vista Lago y comenzó a realizar excursiones del restaurante al borde del Lago Coatepeque. Más tarde se inaugurarían tres cabañas y luego tres más. De esta forma la actividad turística se convirtió en gran aliada para sacar adelante a más de 90 familias que conforman la cooperativa, así como a toda la comunidad, ya que también se ve beneficiada por el emprendimiento turístico colectivo Vista Lago.

Hoy en día el turismo genera empleo no solo para socios y socias, sino también para muchos hijos e hijas de socios. Se necesitan meseros, cocineros, recepcionistas, guías, guardias de seguridad y otros puestos administrativos para los servicios de alojamiento, comida y excursiones que se ofrecen. Además los alimentos necesarios para la cocina se obtienen de las mismas huertas que tiene la cooperativa y si no, se compran a pequeños productores de la misma comunidad.

“Dicen que la unión hace la fuerza y por eso nosotros seguimos soñando”, afirma Reyna – una de las guías – en el tour hacia el Lago. Evidentemente no hay razón por la cual Cooperativa Los Pinos no siga soñando en desarrollar sus posibilidades. Han sacado a su propia comunidad de la miseria y han logrado una admirable administración colectiva de trabajo y auto sostenibilidad.

Las tierras, el restaurante, las cabañas… no son propiedad privada de nadie. Son de todos y todas. Porque tienen bien claro que juntos es como se puede y se debe continuar, porque les duele que algún socio o miembro de la comunidad la pase mal, porque saben lo que es la solidaridad… Cooperativa Los Pinos, y su proyecto turístico Vista Lago, no es ninguna fantasía. Es un caso real que sigue remando en el Lago Coatepeque y demuestra con su ejemplo al mundo que un desarrollo más justo se puede alcanzar.

… Agradezco especialmente a toda la Cooperativa, a sus socios, sus socias por toda la solidaridad con la cual me recibieron en sus propias casas… Son el camino a seguir, continúen así…

Amapala lucha contra los prejuicios sobre Honduras

En el Golfo de Fonseca varias asociaciones comunitarias se esfuerzan diariamente por demostrarle al mundo que existe una Honduras mucho más bella y amigable de la que se suele vender. Amapala, por su alegría y tranquilidad, es un claro ejemplo de ello.

Si hay un destino donde definitivamente es falso aquel axioma que sostiene que Honduras es un país tremendamente peligroso, es Amapala, localizada en la Isla del Tigre. Pero cómo explicárselo a la comunidad turística internacional, sin apoyo del gobierno nacional y sin demasiados recursos económicos. En esa misión trabaja día y noche toda la comunidad. Y específicamente, la Asociación Hostales Perla Mar y la Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas.

Al notar que en algunos meses del año llegaban visitantes con la intención de pernoctar en la isla y se tenían que retirar por no encontrar lo deseado, nació la idea de algunas mujeres de ofrecer una habitación que esté en desuso dentro de sus propias casas.

Rumbo a la Isla del Tigre

En el año 2002, con el apoyo de la Asociación Visión Mundial y tras recibir varias capacitaciones, se formalizó y legalizó aquella actividad ya en marcha, conformándose así la Asociación Hostales Perla Mar. En la actualidad está compuesta por 21 socias, 18 mujeres y tres hombres, que ofrecen 1 o 2 habitaciones y servicio de alimentación dentro de sus propias casas. En algunos pocos casos ya se están construyendo habitaciones afuera de las casas, para aquellos turistas que deseen más independencia.

Pero la oferta turística no queda allí. La misión es compartir con el turista la convivencia diaria de la familia que lo alberga y el estilo de vida de la comunidad entera. El método es la hospitalidad sin límites. En poco tiempo uno se siente parte de la familia y por ende, de Amapala. Llevar al turista a recorrer la isla, mostrarle las mejores playas y subir el cerro Amapala (o del Tigre) es parte de su amabilidad. La asistencia a eventos y ferias comunitarias tampoco faltarán.

Coyolito

Otra asociación que trabaja incansablemente por sacar adelante la isla es la Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas. Esta organización nació en el 2010 ante la preocupación por la escasez de peces, debido en gran parte al cambio climático. Casi toda la aldea se ha dedicado desde tiempos inmemorables a la pesca artesanal y en esos años su oficio estaba en crisis. Entonces algunas familias decidieron organizarse colectivamente para enfrentar la crisis y optaron por hacer arrecifes artificiales tamaño domo.

Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas

Con esto no solo aumentó considerablemente la cantidad (y mejoró la calidad) de los peces sino que también les abrió la puerta para otra actividad económica: la turística. Sin abandonar su oficio tradicional, ahora la asociación ofrece el tour de la pesca deportiva, que consta de un paseo en lancha por donde están ubicados los arrecifes artificiales para que el turista pueda experimentar la principal actividad de los pobladores. El paseo incluye todo el equipo de pesca, chaleco salvavidas, alimentos y bebidas.

La asociación actualmente está compuesta por 6 hombres y 6 mujeres y también está luchando contra el prejuicio machista de quienes no creen posible que una mujer maneje el motor de una lancha o les enseñe como pescar. En muchas ocasiones quienes acompañan y guían al turista durante el tour de pesca deportiva son dos mujeres. Además la asociación maneja una caja rural donde se realizan préstamos entre socios y proyectos de conservación ambiental, como por ejemplo la reforestación de manglares.

Atardecer en Playa Grande

Sin lugar a dudas, estos proyectos turísticos son muy importantes para las comunidades, ya que las familias han encontrado un ingreso económico que les permite sobrellevar con mayor comodidad la crisis estructural a la que son sometidos los sectores más empobrecidos del país. Son un verdadero ejemplo de lucha diaria para sacar adelante sus familias y también, en el ambiente turístico, para romper con determinados estereotipos.

Puerto de Amapala

“No vayas, es muy peligroso”, “No hay nada para ver”. “Solo tienes que ir a Copán y Roatán”. Frases como estas se escuchan muy seguido cuando mencionas Honduras durante tu viaje, como si este país no fuese compatible con el verbo viajar y/o disfrutar. Pero ni los malos gobiernos de turno ni aquellos prejuicios internacionales deben taparnos la riqueza cultural/natural de Honduras. Amapala, como otros tantos lugares de Honduras, es sinónimo de tranquilidad, alegría y amabilidad. Y las comunidades locales no solo trabajan arduamente para salir adelante, sino que además están esperando visitas de todo el mundo para demostrar que hay otro país muy distinto al que suelen vender los medios dominantes.

La unión es la fuerza – y el turismo la esperanza – del Golfo de Fonseca

Históricamente el sur de Honduras ha sido una región que ha tenido que enfrentar varios conflictos, tanto limítrofes (con El Salvador y Nicaragua) como internos. A pesar de todos los obstáculos que el poder político-económico ha puesto en su camino, algunas comunidades se están organizando desde hace un tiempo para mejorar su calidad de vida e incluso proteger especies marinas y manglares. Así nació la Unión Regional de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca, donde apuestan al turismo como alternativa económica.

Las malas temporadas de pesca y la ausencia de asistencia social moldearon la necesidad, de algunas de las comunidades más empobrecidas del país, de organizarse para buscar alternativas económicas para su subsistencia. En el 2010 se creó la Unión Regional de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca, compuesta por 12 organizaciones de base de 7 comunidades distintas pero de la misma región.

Una de ellas es la Asociación de Protección de la Tortuga Golfina, que trabaja permanentemente en conjunto con la Asociación Mar del Pacífico, ambas ubicadas en la comunidad El Venado. Para estas organizaciones, que desde los 80’ se dedican al cuidado de una de las sietes especies de tortuga marina, su apuesta al turismo nació tanto para cubrir gastos de protección como para generar empleo a las familias de la comunidad.

En El Venado se ofrece al turista la experiencia del desove, recolección de huevos y liberación de la tortuga. Esta actividad se vende desde septiembre a noviembre y no tiene mayor objetivo que proteger los huevos de los depredadores. También la misma organización ofrece desde el año 2009 alojamiento, comidas y paseos por los manglares.

Otra Asociación  que forma parte del Corredor Turístico de la Unión es la llamada Perla del Pacífico, ubicada en la comunidad El Cedeño. Ofrece paseos en lancha, tanto a bosques de manglares como a islas cercanas, administra un estacionamiento y está construyendo un alojamiento en la playa. Está compuesta por 13 familias que se cansaron de sufrir las malas temporadas de la pesca, y si bien no han abandonado su oficio, desde el año 2015 tienen otra alternativa.

En la comunidad El Ojochal, 15 mujeres formaron en 1990 la Asociación Luz y Esperanza para sacar adelante la economía de sus familias y vivir mejor. Tienen una tienda de consumo, caja rural y una panadería. En este momento tienen proyectada la construcción de una cafetería, para que el turista antes de ir a la playa o a la liberación de tortugas (actividades más convocantes) pasen por su comunidad. También participan en la reforestación del manglar y han puesto en marcha una biblioteca popular, dejando claro su compromiso con el resto de la comunidad.

Compromiso que muy esporádicamente asume el Estado. Pero en El Venado, Ojochal y Cedeño saben muy bien que son sus propias manos las que deben proteger y liberar su futuro de aquellos depredadores foráneos. Creen en su trabajo y confían en el turismo. Saben que están lejos de las luces del país, esas que brillan en la Isla de Roatán y las Ruinas de Copán. Pero su llama está encendida. Crece de manera autónoma y colectiva, porque como las mujeres de Ojochal aseguran, “organizadas es como se avanza”. Y mientras el sistema turístico internacional dominante niega y olvida el sur de honduras, estas – y otras – organizaciones de base trabajan día y noche para hacerles recordar que el Golfo de Fonseca también existe y tiene mucho para iluminar.

Turismo en el corazón de la Nicaragua Libre

Desde la ladera sur del Volcán Mombacho, la Cooperativa Rural Nicaragua Libre le muestra al mundo un camino distinto para conocer la esencia de su país, esa que vienen construyendo hace años quienes aman trabajar la tierra. El Albergue Rural Nicaragua Libre no es solo un proyecto de Turismo Rural Comunitario, sino que es una familia de campesinos y campesinas dispuesta a agrandarse con cada visitante que llega.

En la actualidad no quedan muchas cooperativas de todas aquellas que nacieron en 1980 tras el triunfo de la Revolución Sandinista. Nicaragua Libre es una de ellas y el turismo es la principal razón de su supervivencia, ya que ha sido clave para generar ingresos en momentos de crisis.

En el 2000, con el apoyo de una asociación vasca, la cooperativa se capacitó en Turismo Rural Comunitario y posteriormente acondicionó una antigua hacienda para hospedar visitantes.  Al principio la misma asociación era la que gestionaba los grupos que viajaban de España a Nicaragua. Con el arribo de los primeros grupos, Nicaragua Libre empezó también a guiar excursiones a los atractivos cercanos. Pero todo se complicó cuando la Asociación vasca desapareció y entonces tuvo que ser la propia Cooperativa la que tuvo que salir a buscar turistas. Con mucho trabajo y esfuerzo se logró que de a poco empezaran a llegar visitantes de distintas partes del mundo.

Ahora la Cooperativa Nicaragua Libre está conformada por 12 socios y socias. Si bien hay varios apellidos dentro de la cooperativa, la mayoría de los miembros llevan el apellido Nicaragua en su identidad. Sin embargo la familia es una sola, la de Nicaragua libre. Ofrecen alojamiento (tanto en albergue rural como en las propias casas de las familias), alimentación típica (también en casas de las familias), un tour donde se recorren todos los cultivos del momento, una cabalgata por la ladera sur del volcán Mombacho, un tour donde se puede conocer  y vivenciar todo el proceso de elaboración artesanal del chocolate y otro igual para la elaboración, también artesanal, del café. Y realmente es todo el proceso… desde el árbol de cacao y la planta de café hasta nuestras papilas gustativas.

Sin embargo, lo que hace distinta a esta opción de Turismo Rural Comunitario es su admirable forma de tratar al visitante, que por cierto, deja de serlo cuando llega a Nicaragua Libre. Y el hecho está en que es su natural forma de ser. Se muestran tal como son. No saben (ni les interesa) tratar al turista como turista. Se han criado en esas tierras que Don Armando Nicaragua cuidó y les encomendó. Han trabajado desde siempre esas tierras en familia. Han vivido tiempos de guerra, compartido sus cultivos y soportado crisis en familia. Pues solo saben tratar al turista como un miembro más de su familia. Es su esencia, su filosofía de vida. El ambiente familiar es lo que se respira en estas tierras desde tiempos inmemorables y es lo que todavía hoy en día infla el pecho de quienes la caminan.

A su vez, ese ambiente familiar es lo que hace que el visitante tenga una auténtica experiencia Nica, descubriendo a cada hora que pasa todos aquellos secretos intangibles sobre los que se asienta el país de Rubén Darío y Sandino.

En Nicaragua Libre no abundan lujos ni tecnologías, pero la sencillez, la autenticidad y la generosidad es tanta que realmente quien entra como turista sale con el apellido “Nicaragua libre”… no en el pasaporte, pero si en el corazón.

Turismo entre el campesinado de Nicaragua

En la Isla de Ometepe la Cooperativa rural Carlos Díaz Cajina encontró en la actividad turística una alternativa ante la crisis agrícola de los años 90. Su historia fue la de muchas otras cooperativas formadas tras el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979 y representa un ejemplo de lucha comunitaria alzando, ahora, las armas del Turismo.

En la Isla Ometepe surge como un tercer volcán una de las fincas más representativas del país: la Finca Magdalena. Antiguamente fue propiedad de la familia Baltodano, que no era de Rivas. Pero todo cambió aquel 19 de Julio de 1979, cuando las tropas del Frente Sandinista de Liberación Nacional entraron triunfantes a Managua. La Reforma Agraria no se hizo esperar, el Gobierno Revolucionario pagó lo que la familia Baltodano debía y le indemnizó el resto de la finca. Así entonces se les fue entregada la finca a los peones que la habían trabajado durante años y ellos crearon la Cooperativa Carlos Díaz Cajina.

Durante los 80` fue la época de oro para el campesinado nicaragüense gracias al apoyo brindado por el Sandinismo. Pero en las elecciones de 1990 la victoria fue para la centro-derecha, entonces se perdieron aquellos beneficios logrados y el gobierno incrementó (e inventó) impuestos para las Cooperativas de campesinos  que como consecuencia fueron desapareciendo de a poco.

Sin embargo algunas resistieron. En el caso de Finca Magdalena la solución a la crisis fue el Turismo. Todo comenzó cuando una Asociación de Norteamérica, con quienes la Cooperativa mantiene relaciones comerciales por la venta de café orgánico, les habló de Turismo Rural Comunitario en una de sus visitas anuales. La Finca tiene una casa muy grande, está en la entrada al Volcán Maderas y posee en sus tierras cerca de 1000 petroglifos. Sin dudas, recursos turísticos no le faltan.

En el año 2000 comenzaron con un pequeño local donde vendían bebidas a quienes visitaban el volcán y más adelante remodelaron la vieja hacienda del patrón para transformarla en alojamiento turístico. Hoy en día Finca Magdalena también tiene un restaurante y tres tours propios: Ascenso al Volcán Maderas, Sendero a los petroglifos y Tour del café.

La Cooperativa Carlos Díaz Cajina está formada por 26 familias y todavía se dedica, junto al turismo, a la producción de café orgánico. Pero las actividades económicas benefician a más de 26 familias, ya que la responsabilidad de la Cooperativa con su comunidad nunca fue negociada. Ejemplo de ello son las tierras cedidas a la comunidad de Balgüe para la instalación del cementerio de la comunidad, la fuente de agua potable cedida al organismo local encargado de hacer llegar este derecho a las comunidades de Balgüe y Santo Domingo (antes había solo agua potable en la Finca de los Baltodano pero no en las comunidades que la rodean), el alojamiento y todas las comidas que se le otorgan gratuitamente a la doctora del pueblo que trabaja en la comunidad de lunes a viernes,  la servidumbre de paso otorgada para la realización del camino a la comunidad Las Cuchillas, la tierra cedida para la Iglesia de la comunidad y muchas otras pequeñas donaciones y proyectos educativos y ambientales.

A pesar de que muchos afirman lo contrario, la Revolución Sandinista ha dejado algunos frutos en la Nicaragua que se visita actualmente. La gran solidaridad de su gente no es tan habitual en otros sitios. Y esto se evidencia especialmente en el campesinado, que sigue en pie de lucha como lo hizo durante las guerras y las crisis económicas. De esta forma, la Cooperativa Carlos Díaz – Finca Magdalena – demuestran al mundo que el turismo y las clases más desprotegidas pueden caminar juntos hacia un mundo mejor.

El Turismo como herramienta de resistencia indígena

La Asociación de Guías Indígenas Turísticos Bribris de Talamanca (AGITUBRIT), compuesta por 12 profesionales de las comunidades de Yorkin, Shuab, Suretka, Meleruk, Suiri, Amubri, Tsoki y Namu Wokir, impulsa un proyecto comunitario de turismo que pretende ser una alternativa sostenible para fortalecer su cultura milenaria bajo el principio del buen vivir.

Las Comunidades Bribris se ubican al pie del lado Caribeño de la Cordillera de Talamanca, zona Sur-este de Costa Rica. En el año 2004 un grupo de jóvenes indígenas, motivados por el Plan Guía Turístico Indígena que impartió el Tecnológico de Costa Rica (TEC), comenzó a organizarse para formar la primera agencia indígena de turismo. Si bien algunos de ellos ya tenían sus propios pequeños emprendimientos turísticos, entendieron que debían unirse para darle fuerza a su propuesta.

Uno de los primeros pasos fue la creación del Código Ético de Turismo de Talamanca. Algo muy lógico y fundamental pero que en nuestras culturas cuesta mucho que se entienda. Sobran los ejemplos de destinos turísticos mundialmente reconocidos que no tienen un Código Ético. Para esto AGITUBRIT coordinó asambleas populares con la Asociación de Desarrollo del Territorio Indígena Bribri (ADITIBRI) y Kekepas (ancianos sabios) y consultó a toda la comunidad sobre la forma en que ellos y ellas debían desarrollar la actividad turística. Admirable.

Su visión del turismo no es convencional, porque su cosmovisión tampoco lo es. El valor que la comunidad Bribri le da a la naturaleza y a la espiritualidad está muy por encima de intereses económicos. Lo sagrado no se vende ni se compra. Las montañas, los bosques, las tierras y los ríos no se usan de cualquier manera, sino con mucho respeto. Y obviamente, la actividad turística es tratada bajo el mismo concepto.

AGITUBRIT se conforma por 12 socios/as y cada uno/a tiene su proyecto o actividad turística. Entonces lo que la agencia ofrece son productos de uno o dos días donde el visitante pueda conocer todos o varios de esos proyectos. Caminatas por bosques sagrados, paseos por ríos venerados, visitas a templos espirituales, pernoctación y comidas tradicionales, visitas a fincas orgánicas y artesanías milenarias son algunos ejemplos. Siempre con la idea de que el turista conozca y aprenda de una cultura que ha logrado sobrevivir por más de 5000 años.

De esta forma, la agencia desea fomentar en el resto de la comunidad aspectos culturales  (como el idioma Bribri, molienda de maíz, tejido de hojas de suita, casas tradicionales, comidas típicas) que están en riesgo de perderse debido a intereses capitalistas. Entienden que el Turismo puede colaborar para que la propia comunidad valore su cultura y no la pierda ni la olvide, sino que la siga reproduciendo. Y no como un show para los blancos, sino también (y fundamentalmente) día a día en su casa con su familia.

En este momento AGITUBRIT se encuentra en la construcción de su oficina en Suretka y terminando algunos trámites legales que el Gobierno de Costa Rica les exige. Pero esta organización indígena ya está lista para mostrar a quienes los visiten, con ganas de aprender y respeto, una forma de vida que dignamente resiste ante el asedio constante de un sistema internacional que solo venera el consumo y el poder económico.

 

Agradecimientos especiales:

Roger Blanco y familia (Koswak Usuré)

Geider, Yoel, Julio, Erick y todxs lxs guías indígenas de AGITUBRIT

Comunidades Amubri, Tsoki y Kachabri

 

Lo más alto de Costa Rica hacia la sostenibilidad

Desde hace un poco más de tres años, el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y la organización comunal Aguas Eternas se unieron para gestionar el Parque Nacional Chirripó, área turística que comprende el Cerro más alto del país, el prestigioso páramo y sus alrededores. De esta manera no solo se cuida el factor ambiental, sino que los ingresos económicos quedan en la Comunidad.

El Consorcio Aguas Eternas está conformado por tres Asociaciones comunales: Asociación de Desarrollo Integral de San Gerardo (ADI), Asociación de Arrieros, Guías y Porteadores y la Cámara de Turismo de San Gerardo. La Alianza surgió cuando el SINAC decidió licitar los servicios no esenciales dentro del Parque debido a la falta de Recursos Humanos. Después de un largo proceso y en su tercer intento, Aguas Eternas logra la concesión de los servicios de alojamiento, alimentación, traslado de equipaje, alquiler de equipos y tienda de la naturaleza.

Este caso de co-administración entre SINAC y Asociaciones de la Comunidad es pionero a nivel nacional y ejemplo a nivel internacional. No hace falta nombrar la cantidad de ejemplos de Parque Nacionales que le abren la puerta a multinacionales para que dañen los ecosistemas y agreguen ceros a sus cuentas bancarias empobreciendo a la comunidad local.

El Consorcio Aguas Eternas debe pagarle un canon de sus ingresos al SINAC. Esto es un monto fijo por persona que se aloja dentro del parque por noche, y el 5% de todos los otros ingresos (alimentación, traslado de equipaje y tienda). Luego, lo que resta de las ganancias son repartidas en igual porcentaje entre las tres asociaciones. Además, quienes trabajan en estos servicios son de la comunidad de San Gerardo y comunidades vecinas (La Herradura, Los Ángeles, Canaán, Chimirol y Rivas). Así como todos los insumos y materias primas necesarias se compran a productores locales.

El órgano máximo de la administración de servicios no esenciales es la Junta Administrativa del consorcio, conformada por representantes de las tres asociaciones. Una de las falencias de esta junta, evidenciada por vecinos y reconocida por uno de sus integrantes, es la falta de participación que tienen el resto de los afiliados y la comunidad en su conjunto en la toma de decisiones.

Por otro lado, quienes no son afiliados a ninguna de las tres asociaciones, en su mayoría no evidencian un beneficio directo para sus vidas. Y aquí aparece otro factor en el que el consorcio deberá mejorar para hacer aún más visible la buena tarea que está realizando. El tema es que cada asociación ha invertido su parte de los ingresos en proyectos que los benefician más a ellos que a la comunidad toda. La Cámara de Turismo creo su página web, imprimió folletos e instaló cartelería turística, la Asociación de Arrieros mejora la infraestructura dentro del Parque y la ADI, tal vez la más generosa, compró un terreno que utilizará como estacionamiento. Si bien todas representan, en cierto grado, un avance para la comunidad, sería bueno que se invirtiera en necesidades más globales que tengan todas y todos los residentes. Para ello se les debería consultar y entonces, de esta forma, si notará la comunidad en su conjunto (no solo afiliados) que están siendo beneficiadas y como consecuencia se sentirán un poco dueños y dueñas del Parque Nacional Chirripó, cosa que por ahora no se ha logrado.

Sin embargo, sería un error no reconocer lo valioso que resulta que tres asociaciones de la comunidad local, 230 aproximadamente de los 350 habitantes, logren unirse y administrar con altos niveles de calidad varios servicios dentro de un Parque Nacional. El desarrollo sostenible es un proceso largo y muy difícil, sería una locura pensar que algún caso de gestión comunitaria sea perfecto en poco tiempo. Aún con deficiencias y errores será mejor que un sistema de gestión turística injusto, extractivista y depredador.

El camino correcto siempre es el más duro, debemos aplaudir y felicitar a quienes se animen a andarlo. San Gerardo de Rivas y el Parque Nacional Chirripó, en compañía de las comunidades La Herradura, Los Ángeles, Chimirol, Canaán y Rivas, han tenido la valentía de caminar este sendero que los lleva a  lo más alto del país, que a veces tiene demasiado barro, pero en el cual se avanza dignamente y con la frente en alto.

 

 

Agradecimientos especiales:

Andreína Segura (Consorcio Aguas Eternas)

Andrés Jiménez (SINAC)

Hostel Casa Chirripó

Comunidad San Gerardo de Rivas