“Cuidar la naturaleza y generar ingresos para la comunidad”

Verónica López nos cuenta sobre el trabajo que realiza la Cooperativa y su empresa de ecoturismo Ecolodge Nahá, ubicada en la región Selva Lacandona del estado de Chiapas, México.

¿De qué se trata el proyecto Ecolodge Nahá?

Este proyecto es de 22 socios, 11 hombres y 11 mujeres, todos de la comunidad Nahá de la Selva Lacandona. Nos dedicamos al ecoturismo, brindamos servicios de hospedaje, alimentación y realizamos actividades en la naturaleza donde aprovechamos lo que tenemos pero sin dañarlo. Realizamos actividades que ayudan a conservar nuestro medio, tenemos sistemas de tratamiento de aguas residuales para no contaminar los mantos acuíferos y celdas solares, energía alternativa que alimentan a 4 de las 15 cabañas. También  tenemos sistema de captación de agua de lluvia.

¿Cómo y cuándo surge la idea de agruparse en cooperativa?

La Coopoerativa se formó en el año 2001, con 58 comuneros, un representante de cada familia. Pero el proceso es un poco complicado, algunos querían ver utilidades a corto plazo, entonces se fueron desanimando y se fueron saliendo. En el año 2003 se elaboró una solicitud al Comité de Desarrollo Indígena (CDI) y le dieron financiamiento para 3 cabañas y un comedor. En el 2011, llegamos yo y otro muchacho y nos integramos al equipo. Nos fuimos capacitando y empezamos a trabajar en mejorar el servicio y cambió todo, desde el aspecto visual hasta el trato al turista. En ese mismo año metimos otra propuesta al CDI para la creación de una recepción al turista y ahí se remodeló todo. El grupo estaba más consolidado. Trabajamos mucho con el grupo para cambiar su modo de ver las cosas, la visión de que hay que trabajar mucho y en algún momento ver las utilidades pero primero mucho trabajo y tiempo.

Ingreso al Ecolodge

¿Hoy ya tienen beneficios económicos importantes?

Si, no tanto como quisiéramos pero un poco de utilidades tenemos. Hace tres años atrás no teníamos clientes o tal vez 2 o 3 personas al mes, pero ahora va aumentando. Hay personas que repiten, que les gusta y vuelven a venir. La distancia es un obstáculo porque estamos lejos, al igual que la publicidad.

¿Cómo administran las ganancias?

Pagamos a los empleados, un poco se reparte entre los socios y reinvertimos en seguir teniendo las cosas bien, habitaciones y productos de calidad. La repartición es dos veces al año. Pero reinvertimos porque no queremos depender de subsidios, queremos tener independencia económica.

¿De dónde son, principalmente, los turistas que visitan el Ecolodge?

El principal mercado es nacional… Ciudad de México, Guadalajara, Guanajato. Y como segundo orden Europa.

¿Cuál es el aporte de la Cooperativa al resto de la comunidad?

Además de generar puestos de trabajo, mucha gente tiene sus propias tiendas y puestos de artesanías y se benefician con los turistas que llegan al Ecolodge y consumen sus productos. También como responsabilidad social de la empresa ayudamos a la comunidad con la donación de lanchas por ejemplo, participamos en eventos y colaboramos económicamente o con especies.

Comunidad Nahá

¿Cuál es el objetivo o la visión de la Cooperativa?

Nuestra visión es que nuestra empresa sea reconocida como uno de los proyectos que cuidan el medio ambiento pero también, que sea reconocida por la calidad de nuestros servicios. Y que a la vez, genere ingresos y empleos para toda la comunidad.

¿Cuáles son los servicios que ofrece el Ecolodge Nahá?

Ofrecemos alojamiento, comida, senderismo por la selva, avistamiento de aves, talleres con la gente de la comunidad (barro, arcos y flechas, collares de semillas), y la experiencia de la Ceremonia Lacandona, donde se les agradece a los dioses.

Ecolodge Nahá

¿Cómo es la cultura Maya Lacandona?

Es una cultura que siempre ha vivido en la Selva y depende de la Selva. Se caracteriza por cuidar la naturaleza. En la selva no se extrae nada si no se cultiva antes. Siempre se han dedicado a la recolección de frutas y verduras, artesanías y ahora al ecoturismo. La Milpa para autoconsumo y la siembra de palma para la exportación es una característica de esta región.

Pueblos Mancomunados, un puente de gestión colectiva y comunitaria

En las alturas de la Sierra Norte de Oaxaca (México), “la gente de las nubes” ha logrado adaptar la actividad turística a su tradición indígena y hoy es una herramienta clave para el desarrollo de sus Comunidades Zapotecas. No es una organización o un sólo pueblo. Son ocho localidades, unidas por sus usos y costumbres, buscando su propio destino.

La historia de los pueblos Mancomunados se inicia con las primeras familias zapotecas, hace muchos años atrás. A pesar de que recién en 1961 se los reconoce como tal por decreto nacional. Pero el suceso fundamental que los empujó hacia la autonomía fue la expulsión de la empresa española que explotaba sus bosques de pino-encino.

En 1975 tres comunidades de la Sierra Norte, cansadas de que la empresa foránea les llevara sus recursos sin darles beneficios, se organizaron para expulsar a los capitales extranjeros de sus bosques sagrados. La empresa forestal  pasó a manos de las comunidades y fue el primer paso para la autogestión colectiva.

Comunidad Latuvi

El turismo llegó en 1994 y la comunidad pionera fue Benito Juárez. Cuatro años más tarde la actividad se expandió a otras comunidades. Hoy en día son 6: Benito Juarez,  Cuajimoloyes, Llano Grande, Amatlán, Latuvi y Nevería.

Este no es el caso de una sola asociación o una cooperativa. Es la comunidad toda, dueña de una empresa de turismo. Cada comunidad tiene autonomía de su propia empresa, pero a la vez están todas integradas en Expediciones Sierra Norte, la agencia comunitaria que comercializa los 6 emprendimientos y les pertenece a las 6 comunidades.

Salvo algunas excepciones, todas las personas que hayan terminado la secundaria tienen que asumir cargos en algunas de las empresas comunitarias, si por mayoría en asamblea general así se decide. Es una mínima parte del complejo -y ancestral- sistema de usos y costumbres. Aquí el trabajo comunitario es una obligación. Pero no como un castigo, sino como un ejemplo de unión y solidaridad entre todos los miembros de la comunidad.

Mirador Benito Juarez

Actualmente son tres las empresas comunitarias de los Pueblos Mancomunados: la forestal, la embotelladora de agua potable Inda Pura y la de EcoTurismo. Los habitantes trabajan allí con cargos rotativos de 1 a 3 años, algunos bajo el sistema de servicio comunitario y otros contratados. Obviamente las ganancias quedan en las mismas comunidades y su aprovechamiento se resuelve mediante asamblea general. De la cual deben participar todos y todas sus habitantes.

Pocas veces se ve un compromiso inter-comunitario tan grande. El legado de las primeras familias zapotecas todavía hace latir la Sierra Norte de Oaxaca. La cosmovisión colectiva fluye como agua, desde las cumbres hasta cada uno de los hogares. Y abrazados a las nubes, los Pueblos Mancomunados se protegen entre sí de la mala influencia externa.

Mancomunar no es un verbo imposible. A 60 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, cerca de 4000 habitantes siguen regando sus raíces. Juntos y juntas cuidan su ancestral legado cultural y su sagrado patrimonio natural. Aquí, los pronombres personales son en plural… Y los adjetivos son cooperativos, sustentables, colectivos y autónomos.

Tan otro turismo que casi no es turismo, es algo mejor

El movimiento neo-zapatista de Chiapas, México, atrae una importante cantidad de personas de distintas partes del planeta, que se desvelan por conocer sus municipios autónomos y sus centros administrativos (caracoles). Desde el propio movimiento invitan, a su manera, a visitarles y con su alegre rebeldía reivindican la ¿industria? de la hospitalidad. Pero entonces, ¿es posible hablar de un turismo neo-zapastista? Y en tal caso, ¿Qué tipo de turismo es?

Entrada al Caracol IV Morelia
“Agradecemos las visitas que recibimos de todo el mundo. Queremos que se compartan diferentes experiencias, y por esto nuestras puertas están abiertas para todos y todas aquellas que con respeto quieran visitarnos”.  (Junta de Buen Gobierno, Caracol IV Morelia, 2018)

La máxima manifestación turística con la que se relaciona el movimiento que deriva del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es la visita al Caracol Oventik. Este centro administrativo es el más cercano a la ciudad  turística San Cristóbal de las Casas y por eso es el que más se visita.

Se recomienda que toda persona que quiera visitar algún caracol zapatista se registre en la oficina del CIDE en San Cristóbal. De todas formas, si no lo hace, será también bienvenido/a. Para llegar a Oventik se puede tomar un taxi-colectivo desde San Cristóbal y lo dejan justo frente al ingreso. Una vez allí los guardias piden los datos y te designan un/a “guía” que te acompañará durante el recorrido por el Caracol. No cobran absolutamente nada por el ingreso. Adentro hay tiendas donde se pueden comprar remeras, agendas, buzos, zapatos, imanes, afiches…

Sin lugar a dudas, esta es una actividad turística gestionada por el movimiento neo-zapatista. Aunque desde el movimiento no le llamen turismo, lo es. El tema es que es otro turismo, totalmente distinto al que predomina en el sistema mundial. Y es otro porque su concepción es muy diferente.

El Neo-Zapatismo no ve al turismo como una actividad netamente económica o como un negocio, -aunque exista un ingreso derivado de esta actividad por la compra de diferentes artículos elaborados por cooperativas zapatistas-, sino que lo ve como un hecho de intercambio socio-político-cultural.

Amablemente abren sus portones rojos y negros y reciben con gusto a quienes muestran interés en conocer el movimiento y compartir experiencias. Tan simple y humano como eso. Sin enredos políticos ni estrategias de mercado para vender más. Es el turismo en su estado más puro y transparente. Tan así que pareciera no serlo.

Los eventos políticos organizados por el movimiento son también manifestaciones turísticas importantes, además de culturales por supuesto. Movilizan un importante flujo de personas que se trasladan desde diferentes países para confluir en un sitio en particular. El “Encuentro de las Mujeres que luchan” y el “Festival CompARTE por la Humanidad” son ejemplos del tipo de turismo que se desarrolla alrededor del EZLN y sus bases ciudadanas de apoyo.

En este caso, militantes de todo el mundo llegan hasta el Caracol designado y, además de asistir a talleres y charlas de formación política, conocen las instalaciones zapatistas, sus murales y alrededores. Conocen algunos municipios autónomos y su gente, sus tradiciones, sus bailes, sus vestimentas y sus comidas. Esto también es turismo. Pero como dije antes, está tan alejado del sistema dominante, y por lo tanto es tan sano, que pareciera no serlo.

Si cualquier persona se acerca con respeto y humildad a cualquier caracol y/o municipio los y las zapatistas estarán encantadas de recibirles, mostrarles sus murales y compartirles su estilo de vida. Lógicamente toman recaudos porque la situación de hostigamiento a la que están sometidas por el gobierno federal así lo requiere. Pero que no se dude de la hospitalidad del movimiento neo-zapatista. Es única. Como es único su turismo. Ese Otro Turismo.

Tal vez demasiado otro como para llamarlo turismo. Pero creo que todavía estamos a tiempo de salvar ese turismo dominante que mucho destruye y poco construye. Ese otro turismo, el de los y las neo-zapatistas, es en realidad la esencia más pura y limpia que en algún lugar de este turismo opresor y depredador existe.

Seguramente está muy en el fondo, pero hay que buscarlo. Como el arqueólogo rastrea, excava y después limpia con su pincel los restos encontrados. Así, los y las profesionales (y quienes trabajamos) en turismo, debemos encontrar y luego desempolvar ese otro turismo, el que gestionado desde abajo y colectivamente sea capaz de contribuir con el entendimiento entre los pueblos y luchar contra el hambre y la pobreza del mundo.

El turismo asociativo de la etnia Maya-Tz’utujil

En Guatemala, la Asociación de Guías de Eco Turismo Comunitario Rupalaj K’istalin ha logrado desarrollar un proyecto independiente que genera ingresos genuinos para toda la comunidad, preserva sus recursos naturales y fortalece su cultura Maya – Tz’utujil. De esta forma, su trabajo se ha transformado en un faro importante al cual deberíamos seguir.

La historia de Rupalaj Kistalin (rostro cristalino en Tz’utujil) comienza en el año 2000 cuando 25 personas decidieron organizarse para trabajar por el desarrollo sostenible de la comunidad San Juan la Laguna, ubicada a orillas del Lago Atitlán. Pero fue en el 2005 cuando, con apoyo de la Fundación Solar, lograron llevar a cabo su primer proyecto: un vivero de plantas nativas para reforestar áreas deterioradas. Un año más tarde, comenzaron a llegar los primeros turistas con intención de visitar el vivero y el trabajo que allí realizaba la Asociación. Desde su nacimiento hasta hoy, Rupalaj Kistalin ha estado muy comprometida con el cuidado del medio ambiente. La limpieza del Lago, charlas de educación ambiental en las escuelas y llevar niños/as a reforestar el bosque son actividades constantes.

San Juan La Laguna desde lo alto

A partir del año 2006 el arribo de visitantes fue en aumento. Tanto fue así que luego de varias capacitaciones y mucho esfuerzo, la Asociación empezó a diseñar diferentes circuitos turísticos. El primero fue el sendero al Cerro de la Cruz, y como consecuencia de dicho trabajo, comenzaron a generarse ingresos que se utilizaron, principalmente, para comprar un terreno propio y construir la oficina de la Asociación.

Oficina de la Asociación en San Juan La Laguna

Otras excursiones (como el Tour Natural, Circuito Cultural y Tour del Maíz…) son también una importante fuente laboral y reactivan la economía de la comunidad, ya que se visitan distintas cooperativas (mujeres tejedoras, comadronas de plantas medicinales, pintores…) para colaborar con su desarrollo socio-económico. San Juan la Laguna se caracteriza por ser una de las comunidades más organizadas, ya sea en cooperativas o asociaciones, y una de las que mejor conserva su patrimonio natural y cultural.

En este momento se cuenta con 14 socios, 9 hombres y 5 mujeres. Desde hace un tiempo han puesto en marcha un proyecto de alojamiento muy interesante. Se trata de las Posadas Mayas, un servicio de hospedaje que ofrece la posibilidad de conocer, aprender y sentir la cultura Maya pernoctando en casas de diferentes familias de la comunidad. Este proyecto representa un importante ingreso económico para la comunidad, pero también una experiencia única de intercambio cultural que colabora eficazmente para el entendimiento internacional.

Muchos de los turistas que llegan a conocer la Asociación Rupalaj K’istalin es por Viva Atitlán, una tour operadora que trabaja hace varios años con diferentes (ahora 9) organizaciones de base comunitaria situadas en las cercanías del Lago proponiendo una “experiencia de aprendizaje mutuo”, como dice Marlon, el gerente. Viva Atitlán también está comercializando algunos productos artesanales de estas mismas organizaciones colaborando así con la generación de ingresos genuinos y el fomento de aquellas manifestaciones culturales.

Asociación de Pintores de arte primitivo

De esta forma, Rupalaj K’istalin se ha transformado, a base de mucho esfuerzo y resistencia ante la influencia externa, en una fuente de inspiración para todas aquellas organizaciones que pretenden generar un cambio en sus comunidades por medio de la auto gestión y el auto financiamiento.

Plaza Central de San Juan la Laguna

Esta Asociación de Guías Comunitarios de Eco Turismo ya no tiene que pedirle apoyo económico a nadie. Es su propia labor diaria la que logra cubrir todos los gastos y pagar todos los sueldos. Es su propia solidaridad la que levanta y desarrolla un modelo económico sostenible para toda la comunidad. Y es su propio sueño, ahora hecho realidad, el que pinta de esperanzas el tejido enfermo del sistema turístico mundial.

Agradecimientos especiales:

A Juan Mendoza y toda su familia (Rupalaj K’istalin)

A Guillermo, Pedro, Olga, Juan y toda la Asociación Rupalaj K’istalin

A Marlon Calderón (Viva Atitlán)

A toda la Comunidad de San Juan La Laguna, sus asociaciones y sus cooperativas.

Vista Lago, el sueño colectivo de más de 90 familias de El Salvador

La Cooperativa Los Pinos se dedica al café desde hace 37 años y con 98 socios/as sigue unida para implementar el mismo sistema colectivo a su proyecto turístico Vista Lago, nacido como alternativa a la crisis del 2001.

En el año 1980 El Salvador atravesaba uno de sus peores momentos debido a una guerra civil que tuvo por esos años sus etapas más violentas. El Frente Martí de Liberación Nacional (FMLN) representaba el brazo armado de un pueblo cansado de la opresión a la que era sometido por los gobiernos militares y las clases más adineradas del país.

El FMLN crecía en sus filas debido a la adhesión de miles de campesinos de distintas regiones que veían en la guerra revolucionaria la oportunidad para salir de la miseria a la que los terratenientes los empujaban. Atento a esto el gobierno decidió llevar a cabo una Reforma Agraria con el objetivo de debilitar el apoyo popular al FMLN. Esta Reforma le daba la oportunidad a los peones de adueñarse de las tierras que trabajaban siempre y cuando formaran una cooperativa. Así nació Cooperativa Cafetalera Los Pinos.

A partir de este momento cambió rotundamente la vida de campesinos y campesinas de la comunidad El Congo. La Cooperativa llevó luz eléctrica a la comunidad, agua para todas las familias y más adelante construyó casas, escuelas, centros de salud y casas comunales. Servicios que antes solo eran privilegios del terrateniente.

Al principio se vendía directamente el café uva, es decir la fruta sin ser procesada. En el año 1992 la Cooperativa adquiere un beneficio y se transforma en productora de café. Los servicios y el bienestar seguían aumentando en la comunidad hasta que en 2001 cae estrepitosamente el precio del café y junto a la roya (enfermedad que devastó muchos cultivos) generaron una crisis que sacudió fuertemente la estabilidad de la Cooperativa. Como respuesta a esto, decide encaminarse hacia una nueva alternativa económica: el turismo.

Con ayuda estatal la Cooperativa inauguró en el 2009 su restaurante Vista Lago y comenzó a realizar excursiones del restaurante al borde del Lago Coatepeque. Más tarde se inaugurarían tres cabañas y luego tres más. De esta forma la actividad turística se convirtió en gran aliada para sacar adelante a más de 90 familias que conforman la cooperativa, así como a toda la comunidad, ya que también se ve beneficiada por el emprendimiento turístico colectivo Vista Lago.

Hoy en día el turismo genera empleo no solo para socios y socias, sino también para muchos hijos e hijas de socios. Se necesitan meseros, cocineros, recepcionistas, guías, guardias de seguridad y otros puestos administrativos para los servicios de alojamiento, comida y excursiones que se ofrecen. Además los alimentos necesarios para la cocina se obtienen de las mismas huertas que tiene la cooperativa y si no, se compran a pequeños productores de la misma comunidad.

“Dicen que la unión hace la fuerza y por eso nosotros seguimos soñando”, afirma Reyna – una de las guías – en el tour hacia el Lago. Evidentemente no hay razón por la cual Cooperativa Los Pinos no siga soñando en desarrollar sus posibilidades. Han sacado a su propia comunidad de la miseria y han logrado una admirable administración colectiva de trabajo y auto sostenibilidad.

Las tierras, el restaurante, las cabañas… no son propiedad privada de nadie. Son de todos y todas. Porque tienen bien claro que juntos es como se puede y se debe continuar, porque les duele que algún socio o miembro de la comunidad la pase mal, porque saben lo que es la solidaridad… Cooperativa Los Pinos, y su proyecto turístico Vista Lago, no es ninguna fantasía. Es un caso real que sigue remando en el Lago Coatepeque y demuestra con su ejemplo al mundo que un desarrollo más justo se puede alcanzar.

… Agradezco especialmente a toda la Cooperativa, a sus socios, sus socias por toda la solidaridad con la cual me recibieron en sus propias casas… Son el camino a seguir, continúen así…

Amapala lucha contra los prejuicios sobre Honduras

En el Golfo de Fonseca varias asociaciones comunitarias se esfuerzan diariamente por demostrarle al mundo que existe una Honduras mucho más bella y amigable de la que se suele vender. Amapala, por su alegría y tranquilidad, es un claro ejemplo de ello.

Si hay un destino donde definitivamente es falso aquel axioma que sostiene que Honduras es un país tremendamente peligroso, es Amapala, localizada en la Isla del Tigre. Pero cómo explicárselo a la comunidad turística internacional, sin apoyo del gobierno nacional y sin demasiados recursos económicos. En esa misión trabaja día y noche toda la comunidad. Y específicamente, la Asociación Hostales Perla Mar y la Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas.

Al notar que en algunos meses del año llegaban visitantes con la intención de pernoctar en la isla y se tenían que retirar por no encontrar lo deseado, nació la idea de algunas mujeres de ofrecer una habitación que esté en desuso dentro de sus propias casas.

Rumbo a la Isla del Tigre

En el año 2002, con el apoyo de la Asociación Visión Mundial y tras recibir varias capacitaciones, se formalizó y legalizó aquella actividad ya en marcha, conformándose así la Asociación Hostales Perla Mar. En la actualidad está compuesta por 21 socias, 18 mujeres y tres hombres, que ofrecen 1 o 2 habitaciones y servicio de alimentación dentro de sus propias casas. En algunos pocos casos ya se están construyendo habitaciones afuera de las casas, para aquellos turistas que deseen más independencia.

Pero la oferta turística no queda allí. La misión es compartir con el turista la convivencia diaria de la familia que lo alberga y el estilo de vida de la comunidad entera. El método es la hospitalidad sin límites. En poco tiempo uno se siente parte de la familia y por ende, de Amapala. Llevar al turista a recorrer la isla, mostrarle las mejores playas y subir el cerro Amapala (o del Tigre) es parte de su amabilidad. La asistencia a eventos y ferias comunitarias tampoco faltarán.

Coyolito

Otra asociación que trabaja incansablemente por sacar adelante la isla es la Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas. Esta organización nació en el 2010 ante la preocupación por la escasez de peces, debido en gran parte al cambio climático. Casi toda la aldea se ha dedicado desde tiempos inmemorables a la pesca artesanal y en esos años su oficio estaba en crisis. Entonces algunas familias decidieron organizarse colectivamente para enfrentar la crisis y optaron por hacer arrecifes artificiales tamaño domo.

Asociación de Pescadores Artesanales de la Aldea Las Pelonas

Con esto no solo aumentó considerablemente la cantidad (y mejoró la calidad) de los peces sino que también les abrió la puerta para otra actividad económica: la turística. Sin abandonar su oficio tradicional, ahora la asociación ofrece el tour de la pesca deportiva, que consta de un paseo en lancha por donde están ubicados los arrecifes artificiales para que el turista pueda experimentar la principal actividad de los pobladores. El paseo incluye todo el equipo de pesca, chaleco salvavidas, alimentos y bebidas.

La asociación actualmente está compuesta por 6 hombres y 6 mujeres y también está luchando contra el prejuicio machista de quienes no creen posible que una mujer maneje el motor de una lancha o les enseñe como pescar. En muchas ocasiones quienes acompañan y guían al turista durante el tour de pesca deportiva son dos mujeres. Además la asociación maneja una caja rural donde se realizan préstamos entre socios y proyectos de conservación ambiental, como por ejemplo la reforestación de manglares.

Atardecer en Playa Grande

Sin lugar a dudas, estos proyectos turísticos son muy importantes para las comunidades, ya que las familias han encontrado un ingreso económico que les permite sobrellevar con mayor comodidad la crisis estructural a la que son sometidos los sectores más empobrecidos del país. Son un verdadero ejemplo de lucha diaria para sacar adelante sus familias y también, en el ambiente turístico, para romper con determinados estereotipos.

Puerto de Amapala

“No vayas, es muy peligroso”, “No hay nada para ver”. “Solo tienes que ir a Copán y Roatán”. Frases como estas se escuchan muy seguido cuando mencionas Honduras durante tu viaje, como si este país no fuese compatible con el verbo viajar y/o disfrutar. Pero ni los malos gobiernos de turno ni aquellos prejuicios internacionales deben taparnos la riqueza cultural/natural de Honduras. Amapala, como otros tantos lugares de Honduras, es sinónimo de tranquilidad, alegría y amabilidad. Y las comunidades locales no solo trabajan arduamente para salir adelante, sino que además están esperando visitas de todo el mundo para demostrar que hay otro país muy distinto al que suelen vender los medios dominantes.

La unión es la fuerza – y el turismo la esperanza – del Golfo de Fonseca

Históricamente el sur de Honduras ha sido una región que ha tenido que enfrentar varios conflictos, tanto limítrofes (con El Salvador y Nicaragua) como internos. A pesar de todos los obstáculos que el poder político-económico ha puesto en su camino, algunas comunidades se están organizando desde hace un tiempo para mejorar su calidad de vida e incluso proteger especies marinas y manglares. Así nació la Unión Regional de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca, donde apuestan al turismo como alternativa económica.

Las malas temporadas de pesca y la ausencia de asistencia social moldearon la necesidad, de algunas de las comunidades más empobrecidas del país, de organizarse para buscar alternativas económicas para su subsistencia. En el 2010 se creó la Unión Regional de Pescadores Artesanales del Golfo de Fonseca, compuesta por 12 organizaciones de base de 7 comunidades distintas pero de la misma región.

Una de ellas es la Asociación de Protección de la Tortuga Golfina, que trabaja permanentemente en conjunto con la Asociación Mar del Pacífico, ambas ubicadas en la comunidad El Venado. Para estas organizaciones, que desde los 80’ se dedican al cuidado de una de las sietes especies de tortuga marina, su apuesta al turismo nació tanto para cubrir gastos de protección como para generar empleo a las familias de la comunidad.

En El Venado se ofrece al turista la experiencia del desove, recolección de huevos y liberación de la tortuga. Esta actividad se vende desde septiembre a noviembre y no tiene mayor objetivo que proteger los huevos de los depredadores. También la misma organización ofrece desde el año 2009 alojamiento, comidas y paseos por los manglares.

Otra Asociación  que forma parte del Corredor Turístico de la Unión es la llamada Perla del Pacífico, ubicada en la comunidad El Cedeño. Ofrece paseos en lancha, tanto a bosques de manglares como a islas cercanas, administra un estacionamiento y está construyendo un alojamiento en la playa. Está compuesta por 13 familias que se cansaron de sufrir las malas temporadas de la pesca, y si bien no han abandonado su oficio, desde el año 2015 tienen otra alternativa.

En la comunidad El Ojochal, 15 mujeres formaron en 1990 la Asociación Luz y Esperanza para sacar adelante la economía de sus familias y vivir mejor. Tienen una tienda de consumo, caja rural y una panadería. En este momento tienen proyectada la construcción de una cafetería, para que el turista antes de ir a la playa o a la liberación de tortugas (actividades más convocantes) pasen por su comunidad. También participan en la reforestación del manglar y han puesto en marcha una biblioteca popular, dejando claro su compromiso con el resto de la comunidad.

Compromiso que muy esporádicamente asume el Estado. Pero en El Venado, Ojochal y Cedeño saben muy bien que son sus propias manos las que deben proteger y liberar su futuro de aquellos depredadores foráneos. Creen en su trabajo y confían en el turismo. Saben que están lejos de las luces del país, esas que brillan en la Isla de Roatán y las Ruinas de Copán. Pero su llama está encendida. Crece de manera autónoma y colectiva, porque como las mujeres de Ojochal aseguran, “organizadas es como se avanza”. Y mientras el sistema turístico internacional dominante niega y olvida el sur de honduras, estas – y otras – organizaciones de base trabajan día y noche para hacerles recordar que el Golfo de Fonseca también existe y tiene mucho para iluminar.

Historias

COSTA RICA

Consorcio Aguas Eternas (Parque Nacional Chirripó)

AGITUBRIT (Talamanca)

NICARAGUA

Cooperativa Carlos Díaz Cajina / Finca Magdalena (Ometepe)

Cooperativa Nicaragua Libre (Granada)

HONDURAS

Unión Regional de Pescadores Artesanales (Golfo de Fonseca)

Nicaragua, la rica y desarrollada nación de Centroamérica

Uno de los principales motivos por los cuales deben enorgullecerse los y las nicaragüenses es por su calidez humana. Más allá de sus ciudades coloniales y su volcánica geografía, hay una frase que se repite muchas veces entre viajeros que han pasado por la tierra de Sandino y cuentan su experiencia: “la gente es muy amable”. Justo allí se encuentra su riqueza, lejos de la acumulación del capital y la capacidad de consumo, pero cerca de la humanidad.

Museo de la Revolución en León

Es difícil y tal vez imposible definir en qué país del mundo la gente trata mejor al turista, pero si alguna vez las nuevas tecnologías logran determinarlo, no tengo dudas que Nicaragua estará peleando el podio. No se trata de una forma diferenciada de atender a visitantes, sino que es una forma de entender la vida y de relacionarse incluso entre los propios nicas. Y estoy convencido de que su historia tiene mucho que ver con esto.

Alta Gracia, Isla Ometepe

Conversando con varios ex combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSNL), encontré en ellos una pregunta común que creo se hacen muy seguido: ¿Realmente valió la pena aquella guerra revolucionaria? Hoy, humildemente, opino que si valió la pena.

Desde la lucha de Augusto Cesar Sandino y la expulsión de tropas estadounidenses en 1933, hasta el derrocamiento de la dinastía Somocista por parte del FSLN en 1979, la nación no hizo otra cosa que sembrar amor y solidaridad. Costó mucha sangre e inmenso dolor. Pero creo que hoy se están cosechando sus frutos.

Malecón de Managua

Son pequeños gestos, cotidianos, pero que hablan de grandes corazones. Darle la mano a la anciana que está subiendo los escalones del bus, levantarse del asiento y bajarse para cargar las maletas de otro u otra, vecinos que se juntan todos los domingos para trabajar en la construcción de un parque de niños/as, compartir lo poco que se tiene con un desconocido… No son acciones que no sucedan en otros lados, pero en Nicaragua pasa todo el tiempo, es algo muy habitual.

Muchos hablan de un país pobre y atrasado. Si se refieren a la capacidad monetaria para adquirir cosas materiales y nuevas tecnologías entonces probablemente lo entienda. Pero no estoy de acuerdo con definirlo así. Es un país humilde, está bien. Pero más bien yo diría que Nicaragua es uno de los países más ricos y desarrollados que he conocido. Su generosidad y sus principios demuestran que es una sociedad muy avanzada. El tema es qué variable elegimos para usar de vara… ¿El dinero o el amor? ¿Celular última generación o solidaridad?

Calles de Granada

Probablemente los buses sean viejos, las casas precarias y los autos pasados de moda. Los Android, Iphone y Smartphones no son muy comunes. Pero en Nicaragua hay algo más importante y valioso, son todos esos valores que en muchas personas, y en muchos países, ya se han perdido.

Turismo en el corazón de la Nicaragua Libre

Desde la ladera sur del Volcán Mombacho, la Cooperativa Rural Nicaragua Libre le muestra al mundo un camino distinto para conocer la esencia de su país, esa que vienen construyendo hace años quienes aman trabajar la tierra. El Albergue Rural Nicaragua Libre no es solo un proyecto de Turismo Rural Comunitario, sino que es una familia de campesinos y campesinas dispuesta a agrandarse con cada visitante que llega.

En la actualidad no quedan muchas cooperativas de todas aquellas que nacieron en 1980 tras el triunfo de la Revolución Sandinista. Nicaragua Libre es una de ellas y el turismo es la principal razón de su supervivencia, ya que ha sido clave para generar ingresos en momentos de crisis.

En el 2000, con el apoyo de una asociación vasca, la cooperativa se capacitó en Turismo Rural Comunitario y posteriormente acondicionó una antigua hacienda para hospedar visitantes.  Al principio la misma asociación era la que gestionaba los grupos que viajaban de España a Nicaragua. Con el arribo de los primeros grupos, Nicaragua Libre empezó también a guiar excursiones a los atractivos cercanos. Pero todo se complicó cuando la Asociación vasca desapareció y entonces tuvo que ser la propia Cooperativa la que tuvo que salir a buscar turistas. Con mucho trabajo y esfuerzo se logró que de a poco empezaran a llegar visitantes de distintas partes del mundo.

Ahora la Cooperativa Nicaragua Libre está conformada por 12 socios y socias. Si bien hay varios apellidos dentro de la cooperativa, la mayoría de los miembros llevan el apellido Nicaragua en su identidad. Sin embargo la familia es una sola, la de Nicaragua libre. Ofrecen alojamiento (tanto en albergue rural como en las propias casas de las familias), alimentación típica (también en casas de las familias), un tour donde se recorren todos los cultivos del momento, una cabalgata por la ladera sur del volcán Mombacho, un tour donde se puede conocer  y vivenciar todo el proceso de elaboración artesanal del chocolate y otro igual para la elaboración, también artesanal, del café. Y realmente es todo el proceso… desde el árbol de cacao y la planta de café hasta nuestras papilas gustativas.

Sin embargo, lo que hace distinta a esta opción de Turismo Rural Comunitario es su admirable forma de tratar al visitante, que por cierto, deja de serlo cuando llega a Nicaragua Libre. Y el hecho está en que es su natural forma de ser. Se muestran tal como son. No saben (ni les interesa) tratar al turista como turista. Se han criado en esas tierras que Don Armando Nicaragua cuidó y les encomendó. Han trabajado desde siempre esas tierras en familia. Han vivido tiempos de guerra, compartido sus cultivos y soportado crisis en familia. Pues solo saben tratar al turista como un miembro más de su familia. Es su esencia, su filosofía de vida. El ambiente familiar es lo que se respira en estas tierras desde tiempos inmemorables y es lo que todavía hoy en día infla el pecho de quienes la caminan.

A su vez, ese ambiente familiar es lo que hace que el visitante tenga una auténtica experiencia Nica, descubriendo a cada hora que pasa todos aquellos secretos intangibles sobre los que se asienta el país de Rubén Darío y Sandino.

En Nicaragua Libre no abundan lujos ni tecnologías, pero la sencillez, la autenticidad y la generosidad es tanta que realmente quien entra como turista sale con el apellido “Nicaragua libre”… no en el pasaporte, pero si en el corazón.